Cómo es el presente de uno de los personajes más importantes de la televisión de los ‘80. Sus éxitos, sus problemas de salud y su fe.

A los 18 años, una persona deja para siempre la niñez. Lawrence Tureaud usó ese momento de su existencia para definir su identidad como nadie. “Cuando tenía la edad suficiente para luchar y morir por mi país, para tomar alcohol y para votar, dije que tenía la edad suficiente para que me llamaran señor. Me hice llamar Mr. T para que la primera palabra que salga de la boca de todos cuando me llamen sea señor”, dijo en 1983, a la revista Playboy.

Así fue como, con ese ímpetu, empezó a construir su vida adulta Mr. T, el forzudo que se volvió una estrella gracias a la serie Brigada A y que pasó por todas: peleó contra Sylvester Stallone en Rocky III, fue policía militar, se convirtió en guardaespaldas de famosos, se hizo luchador, odió a George Peppard en el rodaje del show por el que trascendió en Hollywood, se recuperó de un cáncer y hasta grabó una insólita publicidad argentina de golosinas con el locutor Cacho Fontana. Su actualidad, lejos de la fama de los ‘80, está más cerca del fanatismo religioso y de alguna que otra participación mediática.

Cómo fue la infancia de Mr. T

Tureaud nació en Chicago en 1952. Es el anteúltimo de una familia muy numerosa: 12 hermanos, en total. Desde muy chico el entrenamiento físico fue su mayor interés, sobre todo teniendo en cuenta la necesidad de mostrar una fortaleza: su padre, cuando él tenía 5 años, se fue de la casa y fue su madre quien lo formó. Gracias a ella pudo estudiar, dedicarse al deporte y enfrentar épocas complejas en las que evitó caer en el lado oscuro del barrio.

De acuerdo a lo que cita la web Biography, Mr. T se destacó en atletismo, se especializó en fútbol americano y fue tres veces campeón de lucha libre en la escuela secundaria. Al recibirse, consiguió una beca para jugar en los Panthers de la Universidad de Prairie View A&M, de Texas, pero estuvo un año y fue expulsado. Era un joven difícil.

En esa época, el inicio de los ‘70, la Guerra de Vietnam era cosas de todos los días. Mr. T, con la mirada puesta en ese combate, se anotó en el Ejército y se formó como policía militar. Era un tipo rudo. La idea de seguir robusteciéndose para dejar de ser un niño seguía presente. Al poco tiempo, consiguió probarse en el equipo Green Bay Packers, pero una lesión en la rodilla le dijo basta. El sueño del deporte no era lo suyo.

Al volver a Chicago, consiguió trabajo como patovica de boliches y, a la larga, guardaespaldas de famosos. Protegió, entre otros, a Steve McQueenDiana Ross y Muhammad Ali y llegó a cobrar hasta 3 mil dólares por noche. Su porte, mirada y fuerza eran indudables. Esa gestualidad fue la que lo llevó a cruzarse con alguien que le cambió la vida: Sylvester Stallone.

De la fama en “Rocky III” a la popularidad en “Brigada A”

Ese encuentro se produjo a principios de 1980, cuando lo vio la estrella de Rocky y pensó que era el mejor para el papel de Clubber Lang, uno de los personajes claves en la tercera parte de la saga en la que estaba trabajando. Durante el rodaje de Rocky III se vio que la personalidad de Tureaud era muy fuerte: con Carl Weathers, que encarnó a Apollo Creed, tuvieron varios cruces en el set.

Esta película, de 1982, disparó la popularidad de Mr. T que inmediatamente consiguió el rol que lo iba a ubicar para siempre en el corazón de los que fueron chicos en los ‘80: Mario Baracus (en inglés, B.A. Baracus). Su personaje era, en el comienzo, uno más. Interpretaba a un mecánico, excombatiente de la Guerra de Vietnam que era la fuerza de choque de la brigada y que se encargaba de la logística.

Poco a poco su figura característica, por la que se hacía notar desde hacía años, logró llamar la atención de los que lo veían en la tele: abultadas cadenas de oro y un peinado mohawk inspirado en una foto que vio en la revista National Geographic de un guerrero africano.

A medida que el show televisivo ganaba cada vez más adeptos, la posición dentro de la serie iba creciendo a la par de su cuenta bancaria y de algunos enemigos. Junto a Mr. T, los demás actores que trabajaban con él eran Dirk Benedict (Templeton “Faceman” Peck, que en la versión doblada que llegó a la Argentina se conoce como Faz), Dwight Schultz (Murdock) y George Peppard (John “Hannibal” Smith). Con uno de ellos, la cuestión se tornó picante.

George Peppard y Mr. T se odiaban

Mr. T y George Peppard se empezaron a llevar mal cuando el protagonista de Desayuno en Tiffany’s empezó a notar que su perfil era eclipsado por su compañero. Además, el expatovica no era demasiado afectuoso con quienes lo rodeaban, lo que hacía que la convivencia laboral fuera bastante complicada.

En una entrevista con el periodista Terry Wogan, en la BBC, Peppard contó una de las situaciones que provocaron la enemistad de ambos. Fue cuando Mr. T pidió que echaran a varios miembros del personal técnica y él intervino, de acuerdo a su relato.

“Stephen Cannell, el propietario y cocreador de la serie, estaba preparado para reemplazar a la gente. Estábamos todos en un barco en México y cuando volvimos me enteré. Fui a la oficina de Cannell y le dije que si tenía una lista de seis, que pusiera mi nombre como el séptimo. Eligió no hacer eso”, aseguró el actor en 1987. También confirmó que estuvieron 16 semanas sin hablarse.

Mr. T y George Peppard encarnaban amigos pero detrás de cámara eran enemigos. (Foto: NBC)

La tensión llegó a tal punto que uno de los cuatro miembros estables de Brigada A intervenía para evitar males mayores. Dirk Benedict era el “mensajero” entre Peppard y Mr. T. Incluso, el intérprete que encarnaba a “Hannibal” Smith ni siquiera lo llamaba a su colega por su nombre: le decía “el hombre del oro”.

Los productores intentaron calmar las aguas porque no querían terminar la serie antes de tiempo. Por eso trataron de que Hulk Hogan, que era muy cercano a Peppard y Mr. T al mismo tiempo, sea un miembro más del elenco. Pensaban que alguien que se llevara bien con los dos iba a ordenar la cuestión. Sin embargo, no pudo ser porque el luchador tenía contrato para las giras de los combates en los que se presentaba que le impedían estar tantas horas grabando.

Cómo llegó Mr. T a hacer una publicidad argentina

La serie duró entre 1983 y 1987 y fue un verdadero boom televisivo internacional, con reposiciones, incluso, hasta el presente. Pero el desgaste entre todos los integrantes del elenco fue una de las razones por la que los productores decidieron darle un fin. Además, el rating de la última temporada estaba lejos de ser lo que fue en un comienzo.

A pesar de ese cierre, Mr. T seguía siendo popular. Por eso, su perfil continuó ligado al público infantil. Es así como con su cuerpo musculoso, ropa militar, corte mohawk y las innumerables cadenas de oro fue parte de numerosas publicidades, siguió ligado al mundo de la lucha y hasta tuvo una historieta con su nombre y una serie animada.

La Argentina se cruzó en la vida de Mr. T de una forma muy particular. En 1986, Mr. T fue contratado por la empresa Terrabusi para un comercial tanto de sus alfajores como de las golosinas Tita y Rhodesia. Del aviso, además formó parte el locutor Cacho Fontana. Detrás de cámaras no estuvo cualquiera, ya que el director de fotografía del aviso fue Juan Carlos Desanzo, realizador de películas como En retiradaEl desquite y La búsqueda.

No hay demasiado que analizar en la publicidad que hizo la Agencia MS y que está alojada en la cuenta de YouTube del Museo del Cine. Cacho Fontana viaja a Los Ángeles a buscar a Mr. T para entrevistarlo y descubre que el premio que ganó es una cantidad infernal de golosinas para repartir entre los chicos.

La salud de Mr. T

El tiempo pasó y, lentamente, la popularidad de Mr. T bajó. Más allá de alguna que otra participación en alguna sitcom como Blossom e inclusive ser el protagonista estelar de dos temporadas del show T. & T., nada volvió a ser igual.

En 1995, la salud del actor se debilitó. A Mr. T le diagnosticaron cáncer, un linfoma de células T. Pero si algo tiene el hombre que fue Mario Baracus es humor y un ego que lo envuelve. Es por eso que esta declaración que le hizo a la revista Coping with Cancer cuando empezaba un tratamiento lo pinta de cuerpo entero: “¿Podés creerlo? Tengo un cáncer con mi propio nombre. T: un cáncer personalizado”.

En el último tiempo Mr. T volcó su fe católica a las redes sociales. (Foto: Twitter de Mr. T/@MrT)

Tras recuperarse de la enfermedad, años después, no volvió más a tener un éxito televisivo y solo alternó participaciones especiales. En 2010 hubo una versión en cine de Brigada A, pero no quiso saber nada sobre participar, a diferencia de sus compañeros Dirk Benedict y Dwight Schultz que sí tuvieron cameos. La última vez que tuvo una intervención en los medios fue en 2017, cuando bailó para el reality Dancing with the Stars, la versión estadounidense de lo que en la Argentina es el Bailando por un sueño.

Allí no lo hizo por un motivo solo personal sino colectivo. “Bailo por los chicos enfermos. Quiero hablar de la situación para llevarles esperanzas a quienes fueron diagnosticados. Quiero decirles que yo estuve ahí, vengo de ahí, por eso no tienen que dejar de luchar. Por eso hago esto. Por eso no quiero decir que bailar es difícil, porque si bailar es difícil, ¿qué decir de la gente que enfrenta el cáncer”, comentó en ese momento, a la revista People.

Una foto actual de Mr. T. (Foto: Instagram oficial de Mr. T/ @officialipitythefool)

En su cuenta de Twitter se define como futbolista americano, luchador, soldado, patovica, guardaespaldas y actor. Cada mensaje que deja en esa red social, sobre todo del último año, está relacionado a la fe: es un devoto cristiano, pero en los últimos meses ese perfil se fortaleció.

A punto de cumplir 69 años, Mr. T tiene un estado físico admirable, tanto como cuando era joven. Nunca dejó el ejercicio que lo definió desde el día uno de su vida, desde ese momento en el que tomó la decisión de anteponer la palabra “mister” antes de su inicial: ese instante en el que se despedía para siempre del niño chiquito que veía su madre y sus hermanos para transformarse en el “señor” importante que deseaba ser. Y que ahora lo es.